Amores de otro planeta

—No me mires con esos ojos enormes… ¡Me intimidas!—  pienso mientras te observo disimuladamente, por encima del hombro. Me pregunto por qué te habrás fijado en mí. Supongo por el color de mi camisa, igual de celeste que tus ojos.

Durante minutos, permanezco absorta en la contemplación de tu belleza alienígena, cuando me percato de que se acerca un guardia de seguridad armado. Mi mirada se clava ahora en sus ojos y en su mano que, sin piedad, empuña el arma.

Sin proferir palabra, ordeno: “Ni se te ocurra”. Apunto mi dedo índice hacia ti, para protegerte. Te agarras de mi dedo y te traigo hacia mí, para mirar de cerca tus enormes ojos celestes, tu cuerpo esbelto y la filigrana perfecta de tus alas. El guardia se vuelve a sentar y depone el arma: un vil matamoscas.

El cosquilleo de tus patas me saca una sonrisa. Nunca se había enamorado de mí una libélula. 

Nota para el lector

Para poner algo de orden en el entretecho, los textos han sido apilados desde abajo hacia arriba, en el siguiente orden: La isla azul, Álbum de fotos, Mitos urbanos, Retrato de familia y Más cachureos...

La pila de trastos está justo acá abajo. Te invito a buscar y desempolvar...

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