Madera de mis raíces

El océano brilla bajo el sol de un mediodía de verano. El viento a favor llena las velas, blancas, como la hoja de papel de una historia aún no escrita. Desde el azul profundo del horizonte, emerge el perfil inconfundible de mi isla. La acaricio con la mirada, después cierro los ojos y respiro ávidamente este olor a mar, tan diferente a todos los demás mares del mundo. Es el perfume intenso y melancólico de mi juventud.

Estoy en casa. Observo mis manos oscuras, nudosas, ásperas, como la corteza de un viejo tronco. Cansadas, se apoyan en el timón, madera de mis raíces al viento. Una gota de sal se resbala por un surco de tristeza y alegría, hasta abajo. Observo mis pies oscuros, nudosos, ásperos que crujen sobre las tablas de la cubierta, madera de mis raíces al agua. Me acaricio la mejilla, peinándome la barba blanca, hundiendo el dedo en una arruga donde está escrita mi vida entera.

Contemplo intensamente la brevedad de la existencia.

Nota para el lector

Para poner algo de orden en el entretecho, los textos han sido apilados desde abajo hacia arriba, en el siguiente orden: La isla azul, Álbum de fotos, Mitos urbanos, Retrato de familia y Más cachureos...

La pila de trastos está justo acá abajo. Te invito a buscar y desempolvar...

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