Pura magia

Salí a buscarte, como entregada a un extraño destino. Sin saber ni dónde ni cuándo, pero con la certeza más absoluta de que te iba a encontrar.

Y así fue. Era algo inevitable.

Tú saliste a mi encuentro. Respiré profundo, para que no me pillaras desprevenida. Hacía ya demasiado tiempo que nos conocíamos.

Las historias largas le entregan a uno esa presunción de siempre poder adelantarse a las jugadas del otro. Como si el tiempo quedara congelado en la última despedida. Sin embargo, esa vez percibí en ti algo distinto, despiadado, como si olieras mi fragilidad.

Y así fue.

Sin preámbulos, me invadiste, revolviste entre tesoros y escombros, metiste todo al mismo saco, lo bueno y lo malo, sin discriminar.

Y te fuiste.

Dejándome el alma abierta de par en par, desvalijada. Bajé a la orilla del río. Rugía, amenazando rebelarse a su cauce. Quise lanzarme a sus aguas impetuosas, para abrirme un nuevo camino hacia el océano de las posibilidades. Pero mi intención sucumbió al latigazo de la desesperanza repentina.

Y quise no existir.

Enfrentado a lo irremediable, el instinto me trepó las entrañas y me lanzó en vana persecución. Tenía que arrebatarte lo que me habías robado. Grité mi rabia. Y las palabras se me cayeron como piedras al vacío. Quedé clavada sobre mis pasos, intentando captar algún eco lejano.

Silencio.

Quise hacerlo trizas, pero te diste media vuelta y me robaste el aliento.

Me arrastré hasta la orilla del río y lo encontré cansado, sin hallar salida al mar ni tierra limpia por la que correr. Estancándose y enturbiándose en pantanos dónde cada paso pesa como una vida entera.

Me tendí en el barro helado. El cielo estaba aburrido sin ti. Gris invierno. De mentira, porque ya es verano. Otro más de tus engaños.

De la nada, cosquillas. Una mariposa. Desperté y el cielo se rio en mi cara. En alguna parte te escondías. Un abrir y cerrar de alas. De ese azul que sólo había visto adentro mío. Porque mi azul es un color único. Y, sólo por ese momento, se pareció al azul de afuera, antes de apagarse en el laberinto del pensamiento.

La magia sólo puede durar un instante. Lo que sigue es un vano intento de descubrir el truco.

Confundida, busqué cobijo entre mis cuatro paredes y aguardé tu regreso. En la oscuridad, mi azul se tornó negro y la ira, exasperada por el encierro, me estrelló una y otra vez contra mis propias rejas. Olor y sabor a sangre…¿Es esto lo que queda de mí?

Caí al vacío.

Entonces, ante la posibilidad inminente de no existir, se impone la calma.

Abro los ojos y, a través de sus vidrios empañados, busco una forma nueva, nunca vista antes. Sin embargo, tan pronto como la encuentro, se disuelve, dejándome en vilo entre la mentira y la locura. Y las palabras se me mueren antes de tornarse poesía.

Sé que estás ahí, escultor invisible.

Ahora te veo, a través de tus efímeras criaturas.

Ahora, en ellas puedo dibujarte.

Un cisne se pierde entre majestuosos barcos. Sus velas y te esperan para cruzar el cielo.

Las ramas doblegadas por tu vehemencia, ahora te invocan. Es urgente atrapar a la Luna que cae rodando por la ladera de la montaña. Podría estrellarse y nunca más volver a salir.  

Pero, desde el fondo del collado, rebota por la ladera contigua, hacia el cielo. No me pregunten cómo.

Ahí estás, furioso, poniendo el mundo patas arriba.

Del vientre de las nubes se levanta un temible oleaje, como si el mar se hubiese fundido con el cielo para aplastar a la tierra. En este planeta al revés, finalmente puedo caminar.

Los árboles centenarios agitan sus brazos, amenazando emprender vuelo para migrar a otras tierras. Nada que temer.  Yo también vengo de muy lejos.

Inmensas olas rompen sobre la montaña. Podría estallar en mil pedazos y nunca más levantarse.

Un búho pestañea impasible. Por sabio te conoce las mañas.

Y yo salgo a tu encuentro.

Nota para el lector

Al poner algo de orden en el entretecho, los textos han sido guardados en cajas apiladas desde abajo hacia arriba, en el siguiente orden: 

  • La isla azul 
  • Retrato de familia
  • Álbum de fotos
  • Mitos urbanos
  • Los cachureos
  • Patagonia

La pila de trastos está justo acá abajo. Te invito a buscar y desempolvar...

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